EL BECERRO CON CUERNOS DE ORO Y PLATA



La señora Micaela Delgado es originaria del poblado de Acatempan, municipio de Teloloapan, pero tiene más de medio siglo radicando en la cabecera municipal. En la actualidad, cuenta con setenta y nueve años de edad, y esto es lo que le sucedió cuando era niña y vivía en el poblado de Acatempan:

En Acatempan, como sucede en casi todas las poblaciones de Guerrero, la gente era y sigue siendo campesina y año con año aprovechan la temporada de lluvias para sembrar maíz, frijol, calabaza, cacahuate, jícama, etc. Es por ese motivo que la gente se la pasa en el campo la mayor parte del año, ya sea para sembrar y cosechar, o para cuidar el poco ganado que tienen, el cual es de gran ayuda para su subsistencia, ya que cuando no hay trabajo, ni nada para comer, aprovechan esos productos tales como huevos, gallinas, leche, queso, y si es necesario, venden uno que otro animalito, para poder comprar lo que necesitan.

Pues bien, doña Micaela, como todas las mujeres campesinas, se veía obligada a trabajar en el campo, ayudándole a su papá con las labores propias de esa actividad. A veces, se iba desde temprano con su papá y demás hermanos, para avanzar en esas labores. Otras veces se encargaba de llevar la comida, y terminando de comer se quedaba a ayudar en el trabajo hasta que el sol se ocultaba en el horizonte. La mayoría de las veces, sembraban en “tlacolol”, pues no contaban con bueyes para hacer una yunta. Esto, dificultaba la labor, pues era muy cansado, ya que tenían que hacer hoyos con el pico, y escardar en un terreno lleno de piedras, y a veces, en pleno cerro. También, en ocasiones, tenían que caminar un largo trecho por terrenos solitarios, poco transitados y peligrosos, ya que estaban llenos de animales salvajes y ponzoñosos.

En una de estas ocasiones, en las que les llevaba la comida a sus familiares, al ir caminando cerca de un cerro alejado y solitario, de repente vio a un becerro pequeño que brincaba y jugueteaba en pleno campo. Al principio, pensó que era un becerro que andaba pastando por ahí, y que su mamá, y el demás ganado, andarían vagando cerca de ahí.

Siguió su camino sin prestarle atención al becerro. Pero al seguir avanzando y no ver a ningún otro animal vacuno por el camino, se acordó de que por esos lugares jamás había visto ganado, ya que estaba muy alejado del pueblo y nadie llevaba sus animales hasta allí. Por tal motivo, se le hizo raro que ahí anduviera un becerro y más aún que éste anduviera solo sin su madre y sin algún otro animal. Esto motivó su curiosidad y detuvo por un momento el paso. Volteo a ver hacia atrás y entonces se dio cuenta de que el becerro venía atrás de ella, de que la había venido siguiendo desde el principio y ella no se había percatado. Al fijarse detenidamente en el animal se dio cuenta de que tenía sus cuernos de diferente color, pues uno de ellos, el derecho, era de color dorado, y el izquierdo, era de color plateado. Ambos cuernos eran cortos, pues medían unos diez o doce centímetros aproximadamente. Pero estos tenían una particularidad, pues brillaban de una manera intensa, despidiendo fulgores radiantes cada vez que el sol daba de lleno en ellos.

Cuando Micaela se dio cuenta de estos detalles se asustó demasiado y sin pensarlo se echó a correr en dirección a los sembradíos donde estaban sus papás y hermanos. Al voltear la mirada hacia atrás se dio cuenta de que el becerro también iba corriendo atrás de ella. La iba siguiendo, lanzando pequeños y suaves bramidos, a la vez que daba saltos y pataleaba en el aire. Esto la asustó aún más y, aumentando el paso, corrió y corrió hasta llegar a donde estaban sus papás y hermanos, pues ese día, también su mamá de nombre Elodia había ido a ayudar en las labores.

“¿Qué te pasa hija?”, le preguntó su mamá.

—¡No me lo van a creer! —contestó Micaela— pero en el camino me topé a un becerro pequeño, el cual tenía dos cuernos, uno dorado y otro plateado y estos brillaban mucho. Además me venía siguiendo, dando saltos y bramidos atrás de mí. Por eso me eché a correr, porque pensé que a lo mejor era el Diablo o un brujo y me podía hacer algo malo.

—¡No, hija, nada de eso! Dejaste ir una gran oportunidad —contestó doña Elodia—: ese becerro se aparece de vez en cuando en el campo, y se aparece a las personas que por algún motivo le caen bien, o a las que son nobles y humildes. La misión de ese animal es ayudar a las personas a las que se les aparece, pues es un becerro que tiene un cuerno de oro y otro de plata, por eso los viste brillar de color dorado y plateado. Dicen que la persona que lo ve tiene que aventarle su sombrero, su rebozo o lo que lleve, y si le atina al cuerno de oro, le dará mucho oro, y si le atina al de plata, le dará plata. Pero si lo atrapa de los dos cuernos, le dará muchas monedas de oro y plata.

—¿Y cómo se los da?— Preguntó Micaela.

—Pues fácil —le contestó su mamá—, al atraparle de uno o ambos cuernos el becerro se vuelve mansito y se deja conducir. Entonces, el que lo atrapó se lo lleva para su casa y ahí lo encierra en un cuarto y lo deja solo. Al día siguiente, va a buscar al becerro, pero ya no lo encuentra; en su lugar halla un montón enorme de monedas de oro, plata, o de ambas, todo depende de qué cuerno lo haya atrapado.

“Estas monedas son un regalo que el becerro le da a la persona que tuvo la suerte de verlo y atraparlo; pues éste pasa toda la noche haciendo del baño, pero no hace normal, sino que de él salen puras monedas de oro y plata. Este becerro, desaparece al momento en que empiezan a salir los primeros rayos del sol, dejándole al afortunado un enorme montón de monedas.

“Tú tuviste la suerte, y no la aprovechaste, lo hubieras atrapado con tu rebozo. Ándale, ve a buscarlo, pues esa suerte es tuya, ese dinero es para ti, por eso se te apareció, pues si vamos nosotros no lo veremos, ya que él escoge a las personas a las que quiere ayudar.

Micaela obedeció, y se fue a buscar al becerro de cuernos de oro y plata, pero por más que buscó y buscó, ya no lo volvió a ver.

—Ni modo m’ija, desaprovechaste tu oportunidad, pero abre bien los ojos cada vez que vengas por acá, si lo llegas a ver de nuevo, atrápalo, ya sabes cómo —dijeron sus papás.

—Claro que sí, dijo Micaela, eso haré, lo atraparé y me lo llevaré para la casa —Pero, ya jamás se volvió a topar con ese becerro.

El tiempo pasó y su familia se fue a vivir a la ciudad de Teloloapan. Ahí también, al igual que en su pueblo, se dedicaron a sembrar en los alrededores de la localidad. En una ocasión, cuando Micaela llevó la comida, se sentaron a comer bajo la sombra de un tepehuaje, y mientras comían, Micaela se dirigió a su sobrino Fernando y le dijo: “te voy a contar lo que me pasó cuando era niña, pon mucha atención, pues quizá te pueda suceder a ti también, y si llegara a pasarte, ya sabrás lo que tienes que hacer”. Y así, sentados bajo la sombra de ese enorme árbol, empezó a contarme esta historia, mientras yo la escuchaba entusiasmado y admirado. Y desde ese día, ponía más atención a todo lo que veía a mí alrededor, y cada vez que íbamos al campo deseaba encontrarme a ese becerro con cuernos de oro y plata y atraparlo para llevármelo a casa, para que me diera muchas monedas y así ayudar a mi familia. Pero esto nunca sucedió, jamás vi a ese becerro. Lo único cierto, es que Micaela, mi tía, sí lo vio y ahorita está aquí enfrente de mí, contándome de nuevo esa historia que le sucedió hace más de medio siglo. Y yo estoy anotando todos los datos de ese relato misterioso para poder contárselo a usted, amable lector, para que, si usted tiene la suerte de toparse algún día con este becerro, sepa lo que tiene que hacer. Y para que no le pase lo que le pasó a la señora Micaela, que por desconocimiento dejó escapar la oportunidad de volverse rica. Usted quizá sea el afortunado, por eso cada vez que vaya al campo esté listo y preparado con su sombrero, su gabán, su camisa, o lo que sea, y lánceselo al becerro, atrápelo, y lléveselo a su casa.

Y si logra atraparlo, por favor, cuénteme esa historia, y yo aquí, la comentaré, para que todo mundo se deleite leyéndola.


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada


Si deseas comentar pero no tienes una cuenta para hacerlo, puedes comentar seleccionando la opción comentar como "Anónimo" en el menú desplegable que te aparece abajo de la caja de comentarios.

También puedes elegir comentar con "Nombre/URL" para hacerlo más personalizado. :)